Es evidente que la represión a las luchas de la clase trabajadora forma parte de la labor del estado burgués para contener los avances de esta, para agotarlas a base de miedo, o bien para insertarlas en los cauces institucionales, restándolas potencial y limitando cada conflicto a una pequeñísima parte de la clase trabajadora. El objetivo de esta represión, ya sea por medio de ataques directos, detenciones, mentiras en los medios, o juicios… es la de mantener el monopolio de la violencia y seguir siendo garante de la producción capitalista (beneficios de la burguesía) a costa de que la clase trabajadora se mantenga dominada, cada vez más empobrecida y con menos derechos, mas aún en periodos de crisis como el que vivimos. En estas últimas semanas estamos viviendo nuevos ataques represivos a diferentes lucha laborales, por ejemplo; en las huelgas de Petronor y Tubacex con ataques por parte de la Ertzaintza y detenciones en los piquetes, o los 7 trabajadores juzgados por participar en la huelga del metal, o el caso represivo a Langile Autodefentsa Sarea son una pequeña muestra de esta represión sistemática que sufrimos en cualquier aspecto de nuestras vidas, ya sea desde la ofensiva capitalista en materia de vivienda o el control racista en las calles, ambos muy presentes en los últimos tiempos.

Debemos seguir denunciándola y organizando una respuesta que fomente la solidaridad y unidad de clase, para alcanzar la fuerza que consiga frenarla. Mas allá de ello, tenemos que ser conscientes que la represión no es casualidad, ni un hecho aislado sino fruto del conflicto real que se produce entre la clase desposeída y los capitalistas. Es el estado burgués el que hace la ley y por lo tanto establece los límites para que nada cambie profundamente, y seguir condenándonos a la eterna derrota. De ahí la necesidad de fomentar herramientas efectivas a las condiciones actuales.